|
 Astronauta Mexicano, José Hernández Moreno
Hace unas semanas tuve la oportunidad de viajar a México. Desde que iba en el avión junto con mi esposa, Adelita, comenzó la emoción de lo que sabía iba a ser un viaje inolvidable.
El presidente Felipe Calderón nos recibió en Los Pinos junto con su esposa Margarita Zavala. Antes del evento oficial, pudimos conversar sobre algunas anécdotas, incluso, sobre algunos sueños comunes dirigidos hacia un país mejor gracias a la educación y la inversión en tecnología.
Las cosas deben ir evolucionando. Los recursos materiales se van consumiendo, sin embargo, los intelectuales, si son impulsados adecuadamente, permitirán el crecimiento de nuestro país no sólo en un instante, sino a largo plazo.
¡Qué bonito se siente que todos nuestros esfuerzos, nuestra lucha y nuestra historia de vida sea reconocida en nuestra tierra!
Así, tras la visita a Los Pinos, comenzó una gira por Michoacán; visité La Piedad, Ticuítaco --la ranchería donde nacieron mis padres-- y Morelia.
Jamás imaginé que la gente me recibiera como lo hizo: desfiles, abrazos, euforia, aplausos y, entre tanta multitud, yo, que no podía pensar en otra cosa más que en el cariño que me transmitía la gente.
De regreso al Distrito Federal, fui recibido por las Cámaras de Diputados y Senadores, donde también recibí el reconocimiento de sus representantes. La agenda era ajustada y no me permitía asimilar la importancia de todo esto.
Entonces llegaron los instantes de reflexión. No sólo se trata de los reconocimientos, la importancia de todo lo que viví en esos días va más allá del protocolo. Se trata de llegar a las conciencias de quienes tienen en sus manos la educación de México: autoridades, iniciativa privada, estudiantes, padres de familia, todos debemos poner de nuestra parte para impulsar los proyectos científicos y tecnológicos que nos benefician en el presente y nos beneficiarán en el futuro.
Tenemos las herramientas intelectuales. Basta con darnos una vuelta por alguna de las miles de universidades que hay en México para ver la capacidad de los jóvenes comprometidos con sus carreras, pero falta detonar sus potenciales. Es ahí donde deben enfocarse los esfuerzos y los compromisos.
Pensar a dónde podrían llegar todas esas mentes es un inicio, y entonces, partiendo de esta idea, será posible crear y diseñar proyectos innovadores que permitan el crecimiento científico y profesional de la nación.
Esta visita tuvo un fondo más importante que el de una simple imagen en la prensa. Esta visita fue un recorrido por mi tierra, mi México. Añoraba recorrer parte de la tierra que me vio crecer y que creció conmigo. Con mi experiencia, intenté inspirar a los jóvenes que creen que por sus limitaciones --cualesquiera que sean-- no pueden alcanzar sus sueños... Esta visita fue para transmitir algo en esencia muy sencillo, pero que al mismo tiempo nos resulta muy difícil de creer. ¡Todo es posible! Claro que no se trata de que todos sean astronautas, mi propósito es despertar sus mentes, de que sean capaces de construir sus propios ideales y, sobre todo, las estrategias que les permitirán llegar hasta sus propias estrellas.
Es así que me atrevo a darles a todos los lectores de este espacio un consejo: Luchen por hacer lo difícil y, cuando te des cuenta, estarás logrando lo imposible. Gracias a todo México por su maravilloso recibimiento. |